Analizando la pre-Cruella

Cruella, la historia live action que precede a La noche de las narices frías: 101 dálmatas, cuenta los principios de una de las villanas más queridas de Disney. El film se estrenó el pasado 28 de mayo en la plataforma Disney+.

Por Melany Grunewald

Disney— y la industria cinematográfica animada en general— hace años que atraviesan la dinámica justificativa de la maldad del villano. Recurso que pasó de innovador a aburrido, pero que bien aprovechado puede complejizar y complementar psicológicamente cualquier personaje. Pero ¿qué sucede cuando la villana, antes de serlo, tuvo su propia villana?

Cómo cada vez que Disney apuesta por un live action, hay muchas aristas para el debate: si, es un recurso válido, si, es disfrutable ver la misma historia contada de otra manera, si realmente la tecnología puede todo, por qué cambian a los personajes, etc. Me interesa encontrar un por qué de los cambios que vuelven un ícono a un personaje animado (o como en este caso, animado y actuado, porque la versión de los 90 con Glenn Close como Cruella De Vil tiene un gran peso en el colectivo imaginario), y cuál es el interés de revivir a, tal vez, la villana más malvada de todo Disney (quiere despellejar cachorritos para hacerse un tapado, no puede haber alguien más mala que ella).

Para comenzar, algo que difiere mucho de la Cruella original es la misión: no es una obsesiva con las pieles, ni alguien que odie a los perros. No meterse en ese terreno es riesgoso, la versión del personaje se convierte en un nuevo personaje. La película no muestra esta obsesión por las pieles en su origen, sino el amor por la moda y el diseño. Ni siquiera el odio hacia la raza dálmata. En esta ocasión, vemos a una Cruella punk en los 70, en sus inicios como diseñadora de modas. Un trabajo que se le asignó al personaje en 1996, que no se nombra en la animada de 1961, y cuyo gran propósito es desterrar a la Baronesa de su imperio en la industria de la moda.

La Cruella de Emma Stone tiene sentido desde un plano estético en la movida punk inglesa por el cuero y la piel, que son materiales con un sentido metonímico fisiológicamente. Pero el movimiento punk no condice con el deseo de pertenecer a un sistema. Cruella no quiere corromper el sistema, sólo vencer a la Baronesa. Si ordenamos las películas cronológicamente, por lógica, esto sucede antes de que se convierta en la dueña de una empresa de diseño de modas (1996), por lo tanto, Cruella es completamente capitalista. Por ende, no es punk. Sólo se expresa de manera corrupta.

Por supuesto que hay diferencias psicológicas en la construcción de Stella antes de ser Cruella. Lo que empieza siendo un pseudónimo artístico, termina siendo la configuración de una personalidad psycho, y eso sí es interesante. Como objeto de mando, totalmente fálico y sustituyendo la emblemática boquilla con cigarro de los años 20, aparece un bastón. Esto se debe a que las escenas de consumo de tabaco en las películas implican un cambio en su clasificación desde 2016. Por ende, quedan prohibidas en las que son para todo público.

 

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