20 DE SEPTIEMBRE, 2026
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Salud

Cuando el paracetamol no alcanza: qué lugar puede ocupar el cannabis medicinal frente al dolor crónico

La lumbalgia, la cervicalgia, la fibromialgia, las hernias de disco y las migrañas están presentes en el 75,6% de los casos estudiados. Los cuadros relacionados con la salud mental y el sueño —como ansiedad, insomnio, bruxismo y estrés— representan otro 20,3%. Por su parte, las enfermedades neurológicas específicas alcanzan el 1,6%.

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El paracetamol suele ser uno de los primeros recursos frente al dolor. Está al alcance de la mano, forma parte de numerosos medicamentos y se consume con frecuencia. Pero cuando el dolor se vuelve persistente, sus resultados pueden ser mucho más limitados de lo que se cree. En ese escenario, el cannabis medicinal comienza a aparecer como una alternativa para algunos pacientes.

La primera aclaración es que no se trata de elegir uno u otro como si fueran equivalentes. “No son comparables, cumplen funciones distintas”, explica el doctor Ezequiel Kalb, director médico de Clinicann, startup de telemedicina canábica que ya atendió a más de 20.000 pacientes de todo el país. El paracetamol es principalmente un medicamento para bajar la fiebre, una función para la cual el cannabis no tiene evidencia ni indicación. También sigue siendo una opción ante dolores agudos, leves o moderados.

La diferencia aparece frente a los cuadros crónicos. “Mucha gente llega buscando alternativas justamente porque el paracetamol no les calma el dolor”, señala el especialista. Según explica, esto no siempre significa que el medicamento haya sido utilizado de manera incorrecta. “En muchos de esos casos no es que el paciente lo haya tomado mal: es que para el dolor crónico el paracetamol nunca fue un buen analgésico”.

Datos relevados por Clinicann muestran la dimensión del problema. Según un análisis hecho entre una base de más de 6.500 pacientes y más de 3.400 historias clínicas, el dolor crónico y los problemas musculoesqueléticos constituyen, por amplio margen, el principal motivo de consulta.

La lumbalgia, la cervicalgia, la fibromialgia, las hernias de disco y las migrañas están presentes en el 75,6% de los casos estudiados. Los cuadros relacionados con la salud mental y el sueño —como ansiedad, insomnio, bruxismo y estrés— representan otro 20,3%. Por su parte, las enfermedades neurológicas específicas alcanzan el 1,6%.

Qué puede aportar el cannabis

El cannabis medicinal comienza a evaluarse cuando el paracetamol, los antiinflamatorios o el tramadol no logran controlar el dolor. También puede considerarse cuando esos medicamentos funcionan, pero provocan gastritis, náuseas, somnolencia, constipación u otros efectos adversos. Otro motivo habitual de consulta es el deseo del paciente de dejar de sumar pastillas después de años de tratamientos sin resultados suficientes.

La evidencia científica disponible permite considerarlo como una opción, aunque no como una solución universal. En 2021, un panel internacional de médicos, metodólogos y pacientes revisó los estudios publicados y recomendó ofrecer cannabis medicinal a personas con dolor crónico cuando los tratamientos habituales no alcanzan. La recomendación fue cautelosa porque la respuesta cambia de una persona a otra.

“De cada diez personas que empiezan un tratamiento con cannabis por dolor crónico, hay una o dos a las que les cambia de verdad la vida, varias a las que les mejora algo y algunas a las que no les hace nada”, resume Kalb. Para el médico, ese resultado no debería interpretarse como un fracaso: la mayoría de los tratamientos contra el dolor crónico también beneficia solamente a una parte de los pacientes.

Una revisión de 90 ensayos clínicos, con más de 22.000 participantes, comparó el cannabis medicinal con los opioides en pacientes con dolor crónico. El análisis no encontró diferencias relevantes en la capacidad funcional, pero sí registró menos abandonos por efectos adversos entre quienes utilizaron cannabis. “El cannabis se tolera mejor en general”, afirma el director médico de Clinicann.

Los resultados más sólidos aparecen en el dolor de origen nervioso, que suele sentirse como ardor, corriente u hormigueo. También existe evidencia para la espasticidad dolorosa vinculada con la esclerosis múltiple. En pacientes con fibromialgia, Kalb señala que pueden observarse mejoras en tres dimensiones conectadas entre sí: el dolor, el descanso y el estado de ánimo.

En la artrosis, el panorama es menos concluyente. Los ensayos realizados con CBD aislado y en dosis bajas no encontraron diferencias frente al placebo. Sin embargo, el especialista observa que algunos pacientes tratados con formulaciones balanceadas consiguen dormir mejor, levantarse con menos rigidez, sostener más actividad durante el día y reducir el consumo cotidiano de antiinflamatorios. Kalb remarca que se trata de una observación clínica y no del resultado de un estudio controlado.

El especialista también advierte que el cannabis medicinal no es inocuo ni debe utilizarse sin supervisión. Puede causar mareos, somnolencia, sequedad bucal, aumento del apetito y taquicardia; además, los productos de alta potencia elevan los riesgos psiquiátricos. Por eso debe ser prescripto, dosificado y controlado por un médico. El objetivo no es reemplazar automáticamente una pastilla por otra alternativa, sino encontrar un tratamiento más adecuado para cada paciente.


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