Mediocridad vs Excelencia

Por Marcela Alejandra Prieto.

En estos tiempos de vorágine, la mayoría de las personas ha olvidado que son seres capaces de lograr grandes proyectos y de enfrentar excepcionales desafíos.

Gracias a este lugar de “olvido”, se dejan arrastrar por una pendiente de mediocridad para terminar en un foso común: el del desaliento y del dolor.
En este punto es dable destacar que estas personas NO son mediocres; sin embargo actúan mediocremente. Eso sucede porque se han olvidado de su interior, donde habita un líder “por descubrir”. Y, además, porque han destruido el puente que les permitiría llegar a su esencia verdadera, aquella que las convierte en seres únicos, especiales y diferentes.
Tristemente, estas personas se han “conformado”, perdiendo la esperanza de vivir plenamente su presente y crear un futuro prometedor.

Reflexionando en el por qué de este “olvido”, arriesgo la siguiente hipótesis:
Si estamos convencidos de que siendo mediocres subsistiremos, ¿para qué esforzarnos?
Y llego a la conclusión de que desde este lugar de “olvido”, desde esta “mediocridad” delegamos absolutamente toda nuestra responsabilidad en los demás. O sea, dejamos de hacernos cargo de nuestras decisiones y consecuencias y esperamos que sean los otros los que hagan todo lo que se debe hacer (porque nosotros no queremos asumir nuestras responsabilidades, reaccionando con conductas típicamente infantiles).

Actualmente, como señalé en el comienzo, estamos viviendo tiempos complejos que requieren personas dispuestas a arriesgarse para superar esta crisis. Una crisis quizás necesaria, no sé si suficiente, para despertar a las personas de su mediocridad y alcanzar la excelencia.

Cuando la sociedad vive en una “burbuja exitosa”, la mediocridad no se nota. Pero estos momentos a nivel mundial, exigen con urgencia un nuevo tipo de ser humano: un líder comprometido. Un líder para la excelencia. Cada uno de nosotros podemos contribuir humildemente desde nuestro círculo de influencia a crear las condiciones necesarias para lograr superar exitosamente esta crisis. Si mi trabajo es enseñar, lo voy a hacer excepcionalmente; si mi trabajo es realizar un buen diagnóstico, lo haré sin negligencia; si mi trabajo es liderar una empresa, lo haré con conciencia, ética y moral. Por humilde que sea mi rol, el aporte de todos y cada uno de nosotros será imprescindible.

Desde la Psicología cognitiva-conductual, y confirmado por el excelente aporte de las Neurociencias y la Programación Neurolingüística, sabemos que lo que pensamos crea realidades. Lo que pensamos determina nuestras acciones y, por ende, nuestros resultados. Así como nos percibimos, nos comportamos. Si nos sentimos mediocres, nos deslizamos peligrosamente hacia la mediocridad. Pero si nos percibimos competentes, nos elevamos exitosamente hacia la excelencia.
Sin embargo, para salir de la mediocridad será imprescindible pensar de manera diferente: deberemos arriesgarnos e innovar. Abrirnos a nuevas posibilidades. Si no nos animamos a innovar, a hacer las cosas de manera distinta, jamás podremos alcanzar la excelencia. Por lo tanto, debemos apuntar hacia la innovación.  Hacer lo que hacía -y hago- mucho mejor que antes. Debemos atrevernos a innovar ( innovar en nuestra manera de pensar y de vivir) y, por ende, a salir de nuestra zona de “confort”.

Para salir de la mediocridad será necesario prepararnos. Porque, cuando estamos preparados, nos cargamos de energía y nos apasionamos profundamente. Eso es porque nos percibimos competentes. Nos sentimos exitosos. Utilizamos todo nuestro potencial y nuestra autoestima se fortalece.
Para salir de la mediocridad deberemos atrevernos a mejorar. Adquirir el hábito, la disciplina de: ”no conformarnos con los resultados actuales”, saber que siempre hay alguna algo que podemos mejorar.
Para salir de la mediocridad podemos conectar con nuestro coraje. Coraje para ser “la mejor versión de nosotros mismos”.

Ahora bien, sigo reflexionando y me pregunto: ¿Cómo atrevernos a dar lo mejor de nosotros mismos cuando nos rodea tanta mediocridad? Y llego a la siguiente conclusión: “No importa lo que estén dispuestos a dar los demás. Nosotros sabemos lo que somos capaces de dar y asumir el riesgo de aportar lo mejor de nosotros mismos en cada momento”. Porque cuando no lo hacemos, no nos reconocemos. Esto implica cada mínimo detalle: sonreír y ser amables con los demás; tener en cuenta sus necesidades; ser personas dispuestas a “echar una mano” cuando haga falta, es decir ser solidarios. ¿Cómo logramos ser nosotros mismos? Conectando con nuestros valores: humildad, afán de superación, disponibilidad, amabilidad, justicia, respeto, empatía y amor.

Salir de la mediocridad también significa correr el riesgo de equivocarnos. Y de los errores aprendemos. Y aprender es progresar. Y progresar es superar el fracaso y continuar. ¿Cuándo fracasamos realmente? Cuando dejamos de esforzarnos por alcanzar la excelencia.

 

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