Teatro para los que no ven: la noche en que cada palabra de Hamlet fue mágica

Una voz susurra el contexto de la escena por auriculares y los diálogos ganan potencia. También hay herramientas para personas con discapacidad auditiva. La experiencia de un cronista

Amor por Shakespeare. El texto del incomparable dramaturgo crece en el relato y en la voz de los actores que estimulan la imaginación. / Martín Bonetto

 

“El se levanta. Entran Horacio y los dos soldados”, susurra una voz neutra de mujer a través de los auriculares, que escucho con los ojos cerrados. “El” es Joaquín Furriel en la piel de Hamlet, surcando el escenario mayor del Teatro San Martín durante una “función accesible”, en la que la sala ha sido adaptada para la inclusión plena de espectadores con discapacidad. A simple vista, las cosas no difieren mucho de una función cualquiera de este Hamlet dirigido por Rubén Szuchmacher, el bombazo de la escena teatral porteña en lo que va del año. Pero mientras el resto lo ignora, hay en la sala un grupo de espectadores con diferentes clases de discapacidad sensorial que están disfrutando de una experiencia única.

Cierro los ojos para intentar capturar algo de lo que un espectador ciego puede estar sintiendo en la sala y la voz advierte que Hamlet mira hacia un lado y hacia el otro, que toma su valija con furia y la arroja al suelo. Segundos más tarde, Furriel culmina el soliloquio desesperado de su personaje con el estallido de una maleta –que muchos aquí no vemos– impactando sobre las tablas. A medida que las acciones transcurren, la descripción que brota del audífono, los pasos que vibran y las voces de los actores se vuelven puntos de referencia para comprender la espacialidad de lo que ocurre. La percepción se concentra en uno solo de los sentidos, la mente entra en modo estereofónico y los sonidos son un imán que te lleva desde la barbilla a través del escenario. La voz cobra otra significación: lo es todo.

A pedido de Hamlet, el actor Agustín Vásquez Corbalán recita el pasaje de la historia de Pirro y sus versos resuenan en 360 grados, se sienten las más pequeñas inflexiones y silencios, el estremecimiento de su cuerpo. En la terrible y maravillosa escena XI, con Furriel solo en el escenario y en estado de inspiración, el texto shakesperiano cobra una pureza extraordinaria. Para cuando cae el telón del segundo acto, es obvio que mucho de esto se habría sentido diferente con los ojos abiertos.

En el intervalo converso con Cecilia, una violinista ciega (“no me digas no vidente, porque nunca adiviné el futuro”, me dice de movida y entre risas), que vino a ver la obra junto con su novio. Le hablo de mis sensaciones, la forma cómo se me iban armando las imágenes y las escenas. “Ah, qué vivo”, se burla. “Vos por que tenés referencias. Yo nací ciega y no tengo referencias de colores, de ropas de época o de ciertas formas. Yo creo que quizás mi imaginación me lleva a pensarlo todo en blanco y negro, pero tampoco te lo puedo asegurar. Es diferente en cada persona… alguien que perdió la visión de más grande puede apelar a cosas que recuerda y armar un relato mental que probablemente no tenga nada que ver con el mío”.

Los dispositivos se reservan previamente y se entregan en el ingreso. / Martín Bonetto.

 

Además de tocar el violín, Cecilia es copista de partituras en la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos. De chica iba al cine, al teatro o al circo y siempre tenía a alguien de su familia que le iba contando un poco lo que pasaba. “Yo siempre fui de ir al teatro y aún siendo ciega lo puedo disfrutar. Como en la vida misma, vas infiriendo por el contexto lo que va pasando. Hay cosas que se pierden, pero vas armando conjeturas e imágenes mentales. La gran ventaja de este sistema que pone ahora el San Martín es que ya no necesito que nadie me asista, la audiodescripción hace que sea una experiencia mucho más completa y que lo pueda disfrutar de forma independiente. Ojalá se extienda a la mayor cantidad de teatros posibles, incluso a la escena off, y que no sean solo funciones específicas, para que se vuelva realmente libre el poder acceder a esta parte de la cultura”.

Fuente: CLARIN

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