13 de enero, día mundial de la depresión . El desafío de la depresión en la vejez

13 de enero, día mundial de la depresión

El desafío de la depresión en la vejez

 

Por:  Graciela Spinelli, Lic en Gerontología del Hogar Los Pinos

 

En la era actual de concientización sobre la salud mental, es crucial examinar la eficacia de eventos como el Día Mundial de la lucha contra la depresión y su verdadero propósito. ¿Realmente aumenta nuestra conciencia sobre la depresión? ¿O más bien necesitamos despojarnos de preconceptos y prejuicios para comprender verdaderamente esta compleja realidad?

La dualidad de la depresión y la tristeza

Partamos de la premisa fundamental: la depresión es una enfermedad con tratamiento y posible cura, mientras que la tristeza, una emoción básica, es una parte natural de la experiencia humana. Ambas no son exclusivas de la vejez; de hecho, los índices de depresión son más altos en adolescentes y adultos que en personas mayores.

La tristeza, como emoción básica, cumple una función crucial en el procesamiento del dolor. Imaginemos un mundo utópico donde nunca experimentamos tristeza. En este escenario, corremos el riesgo de enfermarnos de depresión, ya que nuestro cuerpo necesita liberar el dolor de alguna manera: llorando, gritando, apartándonos del mundo por momentos o simplemente guardando silencio.

La represión emocional: un obstáculo para la salud mental

Desafortunadamente, nuestra sociedad nos ha condicionado a reprimir nuestras emociones en lugar de expresarlas. Este enfoque puede alimentar el desarrollo de la temida depresión, ya que reprimir lo que sentimos en lugar de expresarlo obstaculiza nuestro desarrollo emocional.

En el contexto de las personas mayores, el estigma asociado con expresar emociones es aún más pronunciado. Frases como “los hombres no lloran” o la valoración de sufrir en silencio contribuyen a un entorno donde hablar de su dolor se convierte en un tabú.

La respuesta médica: más allá de la “pastillita mágica”

Cuando las personas mayores se acercan con confianza a sus médicos, expresando sentimientos de desánimo, la respuesta a menudo se centra en la prescripción de medicamentos. No es una crítica al profesional de la salud, sino una reflexión sobre la limitación de tiempo para indagar en las causas subyacentes.

Al reflexionar, debemos preguntarnos:

  • ¿Se explica a la persona que los antidepresivos no son necesariamente para toda la vida?

  • ¿Podría el proceso de descubrir y procesar el dolor reducir la dependencia de la medicación?

  • ¿La búsqueda de actividades y la participación social pueden mejorar el estado de ánimo?

  • ¿Dar el primer paso es difícil, pero no imposible?

  • ¿Compartir experiencias similares con otros actúa como un poderoso analgésico y antidepresivo?

El camino de la depresión en la vejez

El recorrido hacia la depresión en personas mayores a menudo comienza con situaciones traumáticas o eventos que desafían sus planes. Rápidamente se les etiqueta como enfermos, sin explorar la causa subyacente. Esto puede llevar a la retirada o, en algunos casos, a la automedicación y el abandono.

Los profesionales de la salud deben recordar que el duelo no se medica, se acompaña. La conciencia de que la depresión no siempre se convierte en crónica es esencial, y la responsabilidad de informar y acompañar adecuadamente recae en todos nosotros.

La importancia del acompañamiento en la Vejez

En nuestra sociedad, el envejecimiento se ha convertido en un desafío complejo, especialmente en la lucha contra la depresión. El apoyo familiar, entornos de cuidado compasivos y una rehabilitación centrada en el individuo pueden marcar la diferencia crucial. Proporcionar un entorno de cuidados adecuado, un respaldo emocional constante y un enfoque holístico en la rehabilitación integral son clave. Al unir fuerzas en estos aspectos, no solo enfrentamos la depresión en la vejez, sino que también brindamos a nuestros seres queridos la oportunidad de vivir esta etapa con dignidad, amor y significado.

 

El 13 de enero, Día de la lucha contra la depresión, nos invita a reflexionar y actuar. La toma de conciencia es una responsabilidad compartida que abarca ciudadanos, familias, profesionales y seres humanos comprensivos que pueden comprender las complejidades de nuestras existencias. Desde las residencias para personas mayores, observamos la importancia de un diagnóstico adecuado y el seguimiento responsable de las medicaciones, reconociendo que la salud mental merece la misma atención que cualquier otra faceta de nuestra salud.

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